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Vesubio

¿Acaso el guardado silencio de la montaña

devuelve a las multitudes atrincheradas
un sol poco comprometido con la vida terrestre?

Avalancha de ceniza ardiendo,
¡Oh, Vesubio!
Desmayas,
los pulmones se llenan de asfixia,
expiras humos explosivos
con besos de lava piroplástica…

Los viajes nadando sobre su pecho.
El bello paisaje vale la vida.

¿Cuánto

puede resistir

un músculo bajo presión?

El látigo de la voz encendida    chispea
levemente

un dolor con nombre.

Los poros encrespados chirrían el miedo humano.

 

Colérica,

la demencia se apodera. Brota y estalla.

 

La piel es grito silente.

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Naufragios

Traspapelados del mar, el cielo y la tierra se oponen a la vieja incubadora. La meteorología no logra pronosticar el cólera cuando la sustancia cambia oscureciendo de pronto y  los monstruos de las profundidades retoñan desde el abismo tembloroso. ¿Qué daño podrían causar arrojar unos sueños rotos al vientre del mundo si se la pasa abrigando las lágrimas de las estrellas?

I Parte

Orgullo y prejuicio   “Con frecuencia, nuestra vanidad es la que nos llama a engaño ” Es, la caminata del ciego pidiendo redención. Humanos grotescos y sublimes, sin dudar en absoluto la sobrevivencia podrían en la diferencia, tocar cual ser extraído del polvo de planetas los surcos de objetos con tersura, o animarse dramáticamente a colorear las legumbres. Corroboraríanse las afirmaciones de esa magia pergaminada durante cientos de años fosilizados, besar el gustillo nuclear frutal por suma delicia. Mas, entretenido en sirenas, los ratones se acostumbraron al perfume de gardenias chorreándoles los talones entre melenas. El suelo o el basurero se presentan como el mejor baúl de las cartas cursileritas de sollozos de tragedia enamorada a lo idiota. Manuela Sáenz & Catequilla, Mitad del Mundo.
  Emborrachado, un agujero negro escupió su vacío. Perdióse entre las luces móviles.  El delineador de Cleopatra se esfumó metamorfoseado en verde tornasol. La pirámide borró los secretos de la resurrección. Un espíritu ansioso ama levantar mis faldas. Jugar con los pliegues. Susurra en las madrugadas el antídoto al viajero.  La semejanza como teclas de letras y melodías escupiendo esas bellas historias de arenas, sol, aviones... serpientes, Principios y finales.   el horizonte como el mar