Orgullo y prejuicio “Con frecuencia, nuestra vanidad es la que nos llama a engaño ” Es, la caminata del ciego pidiendo redención. Humanos grotescos y sublimes, sin dudar en absoluto la sobrevivencia podrían en la diferencia, tocar cual ser extraído del polvo de planetas los surcos de objetos con tersura, o animarse dramáticamente a colorear las legumbres. Corroboraríanse las afirmaciones de esa magia pergaminada durante cientos de años fosilizados, besar el gustillo nuclear frutal por suma delicia. Mas, entretenido en sirenas, los ratones se acostumbraron al perfume de gardenias chorreándoles los talones entre melenas. El suelo o el basurero se presentan como el mejor baúl de las cartas cursileritas de sollozos de tragedia enamorada a lo idiota. Manuela Sáenz & Catequilla, Mitad del Mundo.
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