sábado, 23 de marzo de 2013

Entre las trenzas de unas montañas con forma de M, marca de una marca del tiempo remoto que no vivimos, pero está presente, tan presente como los astros que nos tapan de la enorme oscuridad, la oscuridad que pretende devorar la luz, luz que se resiste a ser despojada de su poder, jamás la inteligencia mortal por más soberbia que pretenda ser ante la luz de la sabiduría Celestial se compara.

Te encontré, o tal vez de una forma mejor matizada... llegaste, en el instante mismo que pretendía desentenderme de las cosas reales y sus formas superpuestas como las líneas que se desglosan y se sobreponen entre ellas mismas. Nuevos trazos, entre sombras y brillas que engalanaron una hoja esperanzada de letras pintadas por zapatitos escarlatas, parte de un corazón, tú querido más.


Y las acuarelas escondidas tomaron vida con un nuevo pincel, un número 23 que se desliza fríamente entre el agua y los colores, detalles por aquí, detalles por allá, algo increíble. Magia, tal vez, mmm... la magia no existe, lo real, tampoco, entonces... algo hermoso, algo, eso que no alcanzas a describir, eso, eso que te palpita en la garganta y cobarde del corazón huye por los ojos a ratos, algo hermoso, una belleza fina, inolvidable, dulce, agridulce. Te quiero cariño, Stanislao.

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