domingo, 29 de abril de 2012

diez y siete y doce y diez con mil


 
... un  bicho...un bicho atrapado dentro de una masa uniforme que no le pertenece,
no la siente… solo es carne que recubre el espíritu que a penas
 si puede divisarse (de cerca)  por los ojos…

viernes, 20 de abril de 2012

Paparapa Tipi -Stalin


Espetepe nopo epes upun juepegopo, nipi upanapa capartapa, nipi upun popoepemapa depe apamopor. Epes sopolopo upun mepensapajepe opocupulto epen upunapa bopotepellapa depe papalapabrapas, upun ipinmepensopo vapacipiopo quepe crepecepe epentrepe lapas sipilapabapas, upun capantopo sepecrepetopo quepe llepegapa apa tupus opoipidopos copon lapa aparmoponipiapa ipimpoposipiblepe depe upun lapagapartopo.

Poporquepe mepe gupustapas, poporquepe eperepes sipinfoponipiapa, poporquepe lapa mupusipicapa apardepe epen tupu gapargapantapa epe ipilupumipinapa mipis opojopos depe cepenipizapas.

Sopolopo quieperopo depecipirtepe epestapas popocapas papalapabrapas. Papalapabrapas quepe qupizapas sepe pieperdapan copon epel dipiapa, quepe tapal vepez nopo sepepapas repecoponopoceper cuapandopo pipidapan pepermipisopo paparapa epescopondepersepe epen tupu sipilepenciopo. Papalapabrapas quepe pepermapanepecepen quiepetapas ipiguapal quepe nuepestrapas mapanopos.

martes, 17 de abril de 2012

La duda ---1/III/ 2011


La duda fue estrangulada y envidada a la cesta.... despertó a media noche...  media ahogada, media llena de vacíos, con una mediaencima.                                                                                                                        
La locura escuchó un suspiro lejano y corrió a ver quien osaba valientemente hacer eso en el silencio rencoroso que ata todos los días la noche.    ...    Con sus manitas cubiertas de guantes violetas trepó el cesto. Mirando al fondo de ella se encontraba una cosita asustada lagrimeando indispuesta. 
La duda dudaba, no sabía si lo había vivido o soñado, y la locura que gracias al cielo de la aurora no mira el reloj tic- tac, le susurro que solo había sido una pesadilla y que no era “la duda” sino “la felicidad”.
Así todas las noches despiertan, se colan  a los sueños, pues, como dijo alguien: la vida es un sueño y los sueños sueños son, después de todo el loco es feliz en su mundo… después de todo, la felicidad es convencional.


domingo, 8 de abril de 2012

DESEOS -Santiago Vásconez Yerovi.

-Quisiera mil veces decirte que te amo- dijo él con voz firme y dulce a la vez.
-Pero yo no quiero escucharte- dijo ella con una voz entre cortada.
-¿Por qué rechazar la voz, las palabras que nacen del alma, que nacen de los latidos del corazón…
-Detente- pidió ella, con una lágrima en su mejilla.
-… que nacen de lo único que se puede llamar amor?-
-Tú sabes que no puedo que, para mí, ahora es imposible…
-Vives en una mentira, engañándote a ti misma…
Ella respiró profundamente. Lo único que se escuchaba era el sonido del viento moviendo las hojas secas. Él tomó aire para cargar de energía su voz y le reprochó:
-Tú sabes que no sientes nada por él-
-Él es muy importante en mi vida- dijo ella con unas palabras que más que nada buscaban convencer a quien las decía.
Él la miró directamente a los ojos y en su mirada encontró el recuerdo de aquel sueño en donde sus labios le robaban el alma con un beso.
Miró su boca y se movió solo por el impulso del deseo. La noche era gris, y en el cielo no se veía ni una sola estrella, los árboles parecían débiles, y era como si quisieran dejar caer sus ramas, el río solo daba un leve sonido de llanto e incluso el viento se detuvo… ella con delicadeza esquivó el beso.
Sintió cómo su alma entraba en el profundo peso de la amargura y la tristeza, cómo su corazón, es pocos pedazos que encierran el dolor, se destruyó; miró cómo sus sueños se alejaban por lo alto acompañando el pesado vuelo de las aves que migran hacia el sur. La idea de la felicidad, una vez más, escapaba de sus brazos; una vez más, la idea del amor, volaba lejos de él, cada vez más rápido y cada vez llegaba más lejos, y así, era imposible intentar alcanzarla solo, y más difícil aún era intentarlo con la duda del pasado, lo amargo del presente y lo oscuro del futuro.
Él se sentó junto a un árbol y con la mirada al piso dijo:
Quisiera… pero no debo… decirte mil veces… pero no quieres… que te amo, que te amo y que… perdóname pero debo hacerlo… eres para mí lo que ha llevado a la realidad la idea del amor. Ella lo miró fijamente y sus ojos se llenaron de lágrimas amargas, de lágrimas negras. Esas palabras desgarraban su alma, destruían su espíritu, lo miró detenidamente y comenzó a correr.
***
Corría sin rumbo y lo único que quería era gritarle al mundo que la felicidad existe, que el amor es alcanzable, que una sonrisa es la expresión más grande de la alegría, que en un te quiero había ternura, que en un te amo existía verdad.
Corría y el sudo se mezclaba con las lágrimas en su rostro y quería creer que con esfuerzo todo se logra, que con calma todo dolor se borra, que con paciencia todo se consigue, que si luchas y buscas en el lugar preciso encontrarás la felicidad, que si esperas y no enloqueces hallarás el amor.
Sus pasos eran cada vez más lentos y pesados, pensó en detenerse, en regresar y volver a la cama del pasado… pero no podía, sabía que no debía volver, que lo que había hecho era imborrable, que las lágrimas derramadas ya cayeron al suelo y se secaron, que ese dolor nada lo curaría, que ese vacío que dejó nunca lo volvería a llenar.
Quería encontrar en los problemas y vicisitudes ese sentido para la existencia, ese motivo para vivir, ese placer que, se dice, da el superar un problema, esa calma que da el saber que se está vivo. Quería partir su cuerpo en dos y buscar dentro de sí, dentro de cada órgano, dentro de cada víscera, la felicidad, encontrar en su espíritu la paz, en su cuerpo la salud.
Quería robarles la máscara a todos aquellos que caminan por el mundo como si todo fuese alegría, que ocultan lo que sienten, que ocultan lo que quieren, que ocultan lo que son, que mezclan su alma con falsedades vacías, que muestran felicidad.
Quería gritarle al mundo, pero la tristeza se lo impidió; el dolor enrolló su lengua al punto de impedir que el más mínimo sonido se escapase; el llanto cegaba sus ojos, y el mundo al que quería gritarle se convertía en borrosas manchas negras que lo consumían todo; la decepción la eliminó por completo, destruyó la poca esperanza que tenía en el amor, apagó la poca luz que el sueño de la felicidad prometía brindar. La amargura de la soledad marcó su paso, marcó sus palabras, sus ideas; sabía que la felicidad es inalcanzable, que el amor no se lo encuentra. Quería rechazar la idea de que existe otra vida, porque simplemente sentía que la vida era repugnancia, sentía con fuerza el hedor de las cloacas a las que llamamos calles, la pestilencia del desinterés de la sociedad convertida en máquinas productoras y consumidoras. Nunca encontró un sentido claro a su existencia, ni a sus pensamientos, ni a su vida, menos aún a sus sentimientos. Sabía que en ese mundo ella era la única que sentía con su vida, con su corazón, con su espíritu; y a la orilla de este gran puente, lo único que sentía era tristeza, dolor, asco.
¿Por qué dices que no?
Él corría tras ella en un espeso bosque. Solo leves rayos de luz de luna iluminaban su camino. Una y otra vez los árboles hacía desaparecer su silueta… pero él la encontraba… la encontraba detrás de una hoja, bajo la sombra de un árbol o la veía escabullirse por entre los troncos en ese espeso bosque. Muchos grillos cantaban esa noche, y el sonar del río acompañaba el caminar. Él se acercaba rápidamente, y en un instante estuvo tan cerca que casi pudo tocarla, pero solo alcanzó a aspirar su aroma.
Sabía que ella estaba comprometida, pero aún así quería mirarla de cerca, quería abrazarla, quería mirarla a los ojos, tener su manos mientras con un beso le decía que la amaba… él no solo quería llegar a sus labios… él quería llegar a su corazón.
Él corría tras ella en un espeso bosque. Solo leves rayos de luz de luna iluminaban su camino. Ella tropezó y en un segundo pudo alcanzarla, se pudo frente a ella y le robó un beso en una oscuridad casi total, la oscuridad de la noche, la oscuridad del cine, la oscuridad del universo; en aquel momento lo único que se escuchaba eran los corazones uniéndose en fuertes latidos que en sus labios enlazaban dos vidas, dos historias, un amor.
Ella lo separó de su lado y cerró los ojos. En el profundo silencio que encerraba el bosque él preguntó:
<< ¿Por qué tus manos hoy me alejan,
si cuando estoy contigo congelan los segundos?
¿Por qué tu voz dice que no,
si tus labios y tus ojos reclaman libertad,
y cuando pestañeas se genera la noche más brillante,
y es ahí cuando podemos estar juntos?
¿Cómo quieres que le explique a mi corazón
que este amor no cabe en la razón?
¿Cómo pretendes que le diga a mi alma
que este sueño, que esta fantasía,
aunque ambos lo queremos,
no puede hacerse realidad? >>
Él le lloraba al aire, a la luna y a las estrellas, pero solo la miraba a ella. En medio de esa tristeza él sintió cuando, con la fuerza de una ráfaga de viento, se acercó un hada y respiró junto a sus labios… el tenía en su mente, en su corazón y en su alma, la imagen de su amada… el hada se acercó más a su boca y  le robó un beso, él casi no entendió lo que pasaba, trataba de mirar las nubes, las estrellas, la luna, los árboles; pero solo la miraba a ella, solo miraba el rostro de su amada… poco a poco se acercó a sus ojos, miró dentro de la pupila y despertó  con un lágrima en su mejilla. Fue la pesadilla más hermosa que pudo tener.


miércoles, 4 de abril de 2012

Los morados.

Es junio, y la mirada briosa esmeraldada de Josefina hace salir de la oscuridad penitente a esos timoratos.
Según la pequeña zarca de trenzas, son los que ponen la chispa en las fiestas de sus abuelitos y hasta sospecha que uno de ellos hace el dulce de guayaba que tanto les y le gusta.
Josefina camina por las calles del mercado central, mientras baja a lo largo una neblina morada y silenciosamente alegre a sus ojos… les llaman cucuruchos, pero para ella, son los seres míticos que viven en los pasadizos secretos del Quito antiguo no recorrido por los vivos…                               
                                                                     Foto de Haydeé Morejón.